Incrédulos, en Tuxpan, testigos vieron zarpar la noche de las inundaciones el restaurante flotante “El Atracadero”, icono de aquella ciudad costera del norte de Veracruz desde 1979.
Meciéndose peligrosamente sobre las embravecidas aguas del Pantepec, El Atracadero se desprendió completamente y comenzó a navegar impulsado solo por la corriente del río, se despidió en las primeras horas de la noche, al parecer el lunes 13 de octubre.
Todos pensamos, incluidos los dueños del negocio de comida inaugurado en 1979, que las aguas del golfo se tragarían la obra de algún arquitecto de la región norveracruzana, todos andábamos ocupados en dar apoyo a los damnificados, en abrir caminos destrozados y en la limpieza de los pueblos afectados.
El restaurant flotante habría quedado en el olvido, pero la suerte de sus propietarios, de su diseñador y constructor y de unos pescadores de Alvarado dio inesperado giro cuando a unos 300 kilómetros de distancia una parte de El Atracadero navegaba tranquilamente frente a las costas de esta ciudad, donde descarga sus aguas el Papaloapan.
Personal de Marina arrastraron el restaurante flotante hasta sus playas donde fue amarrado mientras llegan sus dueños a reclamar su negocio que surcó las aguas en un paseo obligado por el golfo durante la noche como tratando de huir de la desgracia que afectaba a miles de familias de la huasteca.
El miércoles otros pescadores localizaron el resto de la estructura kilómetros más al sur frente a costas de Sontecomapan donde las aguas de esa zona mecen los restos de la estructura tuxpeña.
Serán ahora los propietarios del restaurante quienes decidan si regresan El Atracadero a su lugar de origen, lo dejan en Alvarado como sucursal, lo rentan o lo venden a restauranteros de esas dos regiones costeras y construyen uno nuevo en Tuxpan, publicidad, ya tuvieron suficiente, y gratis.
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