Coscomatepec, Ver.- La tarde caía tibia sobre la Avenida Juárez cuando el estruendo seco de varias detonaciones quebró la rutina; el olor a pan recién horneado que escapaba de una panadería cercana se mezcló, de pronto, con el aire denso de la sorpresa y el miedo.
Frente a una hilera de comercios, un hombre acababa de bajar de su vehículo. Apenas dio unos pasos cuando las balas lo alcanzaron. Los gritos de su esposa rompieron el murmullo habitual de la calle; ella, ilesa pero paralizada, fue testigo del ataque. Clientes y transeúntes corrieron a refugiarse tras mostradores y portones metálicos, mientras otros se agazapaban en las esquinas.
Minutos después, entre el eco aún vivo de las detonaciones, el nombre de la víctima empezó a correr de boca en boca: David Aquino Castellano, originario de Acayucan, avecindado desde hace tiempo en Coscomatepec.
El pavimento quedó cercado por cintas amarillas. Policías municipales y paramédicos se movían con prisa, revisando el cuerpo inmóvil, mientras curiosos se asomaban desde lejos, con el rostro sombrío. Extraoficialmente, se dijo que había muerto en el sitio; oficialmente, solo silencio.
El comercio reabrió poco a poco, pero la calle no es la misma desde la tarde de ese miércoles; en pleno centro de la ciudad, la violencia volvió a dejar su marca difícil de borrar.

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