Ciudad de México.- La sesión estaba a punto de cerrarse. El ambiente, propio de un día rutinario en la Cámara Alta, se torció en segundos. Bastó que al priista Alejandro Moreno, conocido como Alito , le apagaran el micrófono para que el salón se encendiera. Con el gesto endurecido y el andar apresurado, subió hasta la Presidencia reclamando respeto, como si los tiempos dorados del viejo PRI aún le pertenecieran.